
Ruido: cuándo unos cascos ayudan y cuándo estorban
Los cascos de cancelación funcionan, pero tienen letra pequeña. La diferencia está entre usarlos como herramienta o como armadura.

Los cascos de cancelación funcionan, pero tienen letra pequeña. La diferencia está entre usarlos como herramienta o como armadura.

El indicador que importa no es cuántos amigos tiene, sino si al menos uno le deja mejor de lo que le encuentra.

Ha tenido un día estupendo, está agotado, y son las diez y media y sigue dando vueltas. Casi siempre es que no ha podido cerrar el día.

Dices que tu hijo es muy sensible, el tutor lo apunta, y no pasa nada. Le has dado una etiqueta, y con una etiqueta no se puede hacer nada un martes a las once.

No hay dos grupos, hay tres. Y el tercero cambia bastante la forma de mirar a tu hijo.

Está en el suelo con un calcetín en la mano diciendo que le hace daño, y tú le miras el pie y ahí no hay nada. Los dos tenéis razón.

Casi todos los rincones de calma acaban llenos de juguetes y sin usar. La diferencia está en cuatro detalles.

No es que no quiera irse del parque. Es que no puede saltar de una cosa a otra sin aviso.

El cumpleaños ha ido bien y a los diez minutos de llegar a casa está llorando por un zumo. No te has perdido nada: lo que ves no es el zumo.

Lo que calma a un niño desbordado no son tus palabras, es tu estado. Y eso tiene una explicación bastante concreta.