Hay niños que saben perfectamente lo que hay que hacer en una situación social y aun así se bloquean. No les falta criterio, les falta haberlo hecho antes. Y eso se resuelve ensayando, no explicando.
El problema no es la teoría
Pregúntale a un niño sensible qué habría que hacer si alguien se cuela en la fila. Te lo dirá con más matices que un adulto. Otra cosa es hacerlo en el momento, con quince niños mirando.
La distancia entre saber y hacer se cierra con ensayo. Igual que un actor no se aprende el papel pensándolo.
Ensayar en casa, que no da vergüenza
Se coge una situación concreta que le preocupe y se representa. Tú haces de otro niño, él hace de él mismo. Dos minutos, y se cambian los papeles, que es la parte que más enseña.
Situaciones que merece la pena ensayar:
- Pedir entrar en un juego que ya ha empezado.
- Decir que no a algo que no quiere hacer.
- Responder a una burla sin llorar ni pegar.
- Pedir ayuda a un adulto en el colegio.
- Presentarse a alguien nuevo.
Con los más pequeños se puede hacer con muñecos, que quita toda la presión. Con los mayores, hablado y sin teatro.
Frases que conviene tener aprendidas
Un niño bloqueado no improvisa. Tener tres o cuatro frases preparadas, practicadas hasta que salgan solas, le da un suelo:
- «¿Puedo jugar?»
- «Ahora no me apetece.»
- «No me gusta que me digas eso.»
- «Necesito un rato solo.»
Parecen obvias. No lo son cuando tienes siete años y la garganta cerrada.
El trabajo en equipo
Los juegos en los que hay que conseguir algo entre varios funcionan mejor que los competitivos para un niño sensible, por un motivo práctico: le quitan el foco de encima. En una tarea compartida se relaciona sin estar siendo evaluado.
Construir algo entre tres, cocinar en equipo, una búsqueda del tesoro por parejas. La interacción sucede sola mientras las manos están ocupadas.
Uno a uno antes que grupo
Este es el orden que funciona y casi siempre se hace al revés. Se empieza invitando a un niño a casa, dos horas, con una actividad. Cuando esa relación es sólida, se pasa a tres. El grupo grande viene mucho después, si viene.
Meter a un niño que se bloquea directamente en un cumpleaños de veinte no es exposición gradual, es un examen sin haber estudiado.
Qué hacer con el ridículo
Va a haber intentos que salgan mal. Le van a decir que no puede jugar, se le va a olvidar la frase.
Lo importante ahí no es consolar rápido, es contarlo bien: «le has preguntado aunque te daba corte. Eso es lo difícil, y lo has hecho.» El resultado no dependió de él; el intento sí, y es lo que hay que reforzar.
El ejercicio del desafío del equipo y el desarrollo de habilidades sociales están en Corazones Valientes, Niños Sensibles.