Un niño de cinco años no va a sentarse a hacer respiraciones contadas. Pero sí sopla. Todos estos juegos son la misma técnica disfrazada, y funcionan porque el niño no sabe que está haciendo un ejercicio.
Soplar pompas
El mejor de todos, y el más barato. Para que salga una pompa grande hay que soplar largo, suave y constante. Justo lo que queremos: una exhalación lenta y controlada.
Tiene un extra que no tienen los demás: la pompa es un objeto que se queda flotando y hay que seguirlo con la vista. Eso añade atención sostenida y suave, que también regula.
Un frasco de pompas en el cajón de la entrada resuelve muchas tardes.
Apagar velas imaginarias
Se levantan los cinco dedos de una mano, cada uno es una vela. Se apagan de una en una, con un soplido por dedo, y se va bajando el dedo apagado.
Funciona en cualquier sitio y sin material: en el coche, en la cola del supermercado, en la sala de espera del médico. Y como hay que contar, ocupa también la cabeza.
La serpiente
Coger aire por la nariz y soltarlo haciendo un siseo largo, como una serpiente, todo lo que dure. Se puede competir a ver quién aguanta más.
La ventaja del sonido es que se oye si se está alargando o no, y eso le da al niño un control que la respiración silenciosa no le da.
El molinillo
Un molinillo de papel de los de feria. Para que gire despacio y sin parar hay que soplar de forma continua, no a golpes. El movimiento de las aspas es el marcador, y además hipnotiza un poco, que es lo que buscamos.
Oler la flor y soplar la sopa
Para los más pequeños, dos gestos que ya conocen. Se hace el gesto de oler una flor, despacio y por la nariz. Y después el de enfriar una cucharada de sopa, largo y por la boca.
No hace falta explicar nada más. Es la respiración cuatro-seis contada en un idioma que entienden a los tres años.
Cómo usarlos de verdad
Hay dos momentos distintos y conviene no confundirlos.
En frío, como juego y sin motivo. Ahí es donde se aprende. Dos minutos un sábado, sin relacionarlo con ningún problema.
En caliente, como oferta. «¿Apagamos velas?» Si acepta, bien. Si no, no se insiste ni se repite tres veces, porque entonces el juego se convierte en una orden y deja de servir para siempre.
Y un detalle que se olvida: hazlos tú también. Un niño alterado con un adulto soplando pompas a su lado se calma por dos vías, la suya y la tuya.
Qué esperar
Ninguno de estos juegos corta una rabieta en marcha. Lo que hacen es bajar medio punto la activación y, sobre todo, entrenar un recurso para dentro de un año. Se está jugando a corto plazo y construyendo a largo.
Más juegos de respiración y su integración en la rutina, en Corazones Valientes, Niños Sensibles.