De todos los sentidos, el olfato es el único que no se puede cerrar. Los ojos se cierran, los oídos se tapan, la mano se retira. La nariz sigue trabajando mientras respiras, y respiras siempre.
Por qué pega tan fuerte
Hay una diferencia anatómica que explica bastante. Las señales de la vista y del oído pasan primero por una estación de relevo antes de llegar a las zonas emocionales del cerebro. Las del olfato entran por otra puerta, mucho más corta, muy cerca de las áreas de la emoción y de la memoria.
De ahí sale algo que todos hemos vivido: un olor te devuelve a una escena de la infancia entera, con su luz y su temperatura, antes de que te dé tiempo a pensar. Ninguna fotografía hace eso.
Para una persona altamente sensible, esa vía corta significa que un olor desagradable no es una molestia menor. Es una molestia que llega directa y sin filtro, y que además arrastra estado de ánimo.
Dónde se acumula el problema
Los sitios donde más se sufre son los cerrados y compartidos:
- Ascensores después de alguien con perfume fuerte.
- La cocina de la oficina a la hora de comer.
- Coches con ambientador.
- Transporte público en hora punta.
- Reuniones largas en salas sin ventilar.
- Productos de limpieza con aroma intenso.
Lo curioso es que casi todos esos olores son, en teoría, agradables. Un perfume caro sigue siendo un estímulo intenso en un cubículo de dos metros.
Lo que sí está en tu mano
En casa. Aquí mandas tú. Productos de limpieza sin perfume, ventilar de verdad dos veces al día, cocinar con extractor y puerta cerrada, nada de ambientadores enchufados. En un mes notas la diferencia de fondo.
En el coche. Fuera el arbolito. La ventanilla baja dos dedos hace más por tu humor que cualquier aroma.
En la oficina. Lo que se puede pedir sin conflicto: una mesa lejos de la cocina, ventilar la sala antes de una reunión larga, no calentar pescado en el microondas común. Suena a menudencia y es de las pocas cosas que un compañero concede sin discutir.
Contigo. Un truco que funciona en sitios donde no puedes hacer nada: un pañuelo con una gota de algo neutro que te guste, en el bolsillo. Cuando el ambiente es insoportable, respirar a través de tu propio olor corta el circuito unos minutos.
El otro lado
Esta vía corta también funciona a favor, y se aprovecha poco. Un olor asociado a la calma, usado siempre en el mismo contexto, acaba disparando la calma por sí solo.
Si enciendes la misma vela cada vez que te sientas a leer, en pocas semanas el olor hace parte del trabajo. Es condicionamiento básico y a una persona sensible le funciona mejor que a la media, precisamente por la misma razón que sufre más.
Elige un olor discreto y úsalo solo para eso. Si lo tienes encendido todo el día, deja de significar nada.
Con otras personas
Decirle a alguien que su perfume te molesta es un campo minado. Lo que evita que suene a juicio es hablar de ti y no de la otra persona: «tengo el olfato muy sensible y en sitios cerrados me da dolor de cabeza». Es cierto, no acusa a nadie, y casi todo el mundo lo acepta sin más.
El apartado sobre olores de Personas Altamente Sensibles desarrolla esto dentro del capítulo de sobrecarga sensorial.