Dormir: por qué le cuesta tanto y qué ayuda de verdad

Dormir: por qué le cuesta tanto y qué ayuda de verdad
Ha tenido un día estupendo, está agotado, y son las diez y media y sigue dando vueltas. Casi siempre es que no ha podido cerrar el día.

Ha tenido un día estupendo, está agotado, y son las diez y media y sigue despierto dando vueltas. En un niño altamente sensible esto no es rebeldía ni mala costumbre. Casi siempre es lo mismo: no ha podido cerrar el día.

Por qué le cuesta más

Dormirse exige bajar el nivel de activación. Un niño que ha estado procesando estímulos todo el día llega a la cama con el motor a revoluciones altas, y además con material pendiente: lo que dijo un amigo, la bronca que le cayeron a otro, una pregunta que se le ocurrió en el coche y no llegó a hacer.

A esto se suma que la cama es un sitio silencioso. Y en silencio, lo que está dentro se oye más.

La hora anterior manda más que la rutina

Se habla mucho del ritual de acostarse y poco de lo que pasa antes. Y la hora previa es la que decide.

  • Bajar la luz de verdad. No solo apagar la del techo: bajar la de toda la casa. La luz le dice al cuerpo qué hora es, y con un niño sensible el mensaje llega con más fuerza.
  • Nada de pantallas la última hora. No por moralina. Una pantalla no le baja las revoluciones, se las mantiene.
  • Bajar el volumen de la casa entera. Incluido el vuestro. Si en el salón hay conversación animada, él la está siguiendo desde la cama.
  • Nada de temas gordos. Ni la bronca pendiente, ni la conversación sobre el cambio de colegio. Eso, por la mañana.

El vaciado

La herramienta que más resuelve, con diferencia, es darle un sitio donde soltar lo del día antes de acostarse. Diez minutos, sentados, sin prisa visible.

Con los pequeños funciona preguntar por tres cosas concretas: algo bueno, algo que le haya costado y algo que le dé curiosidad para mañana. Lo de «algo que te ha costado» es la parte importante y la que solemos saltarnos por miedo a removerlo. Se remueve mucho más si no sale.

Con los mayores, un cuaderno junto a la cama y ninguna obligación de enseñártelo. Escribir lo que da vueltas hace que deje de dar vueltas.

El cuarto

Merece una revisión sensorial, porque lo que a ti te da igual a él le tiene despierto.

  • El pijama: sin etiquetas, sin costuras que aprieten, del tejido que él elija.
  • Las sábanas: si las nuevas raspan, lávalas antes de estrenarlas.
  • Los pilotos: el led azul del enchufe, el del cargador. Quitados o tapados.
  • Los ruidos: la nevera, la cisterna, el ascensor. Un ruido blanco suave tapa mejor que el silencio.
  • La temperatura: los niños sensibles suelen notar el calor mucho antes que los adultos.

Si se despierta por la noche

Lo que peor funciona es encender la luz y ponerse a hablar. Se despeja y hay que empezar de cero.

Lo que funciona: entrar sin encender, voz muy baja, pocas palabras, quedarse un minuto y salir. La idea que tiene que aprender es que la noche es aburrida y segura, no que la noche es cuando papá viene y hay conversación.

Y si se despierta por un mal sueño, no hace falta interpretarlo ni analizarlo. Nombrar y acompañar basta: «has tenido un sueño feo, estoy aquí, ya pasó».

Cuándo esto se sale de la web

Si ronca de forma habitual, si respira por la boca de manera constante, si se despierta cansado aunque haya dormido las horas, o si el problema dura meses y no cede con nada de esto, toca consultarlo con el pediatra. Hay cosas que se ven en una revisión y no se arreglan con una rutina.

El sueño, la respiración y los rituales nocturnos están desarrollados en Niños Altamente Sensibles.

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